El Chardonnay es la cepa blanca de calidad más plantada del mundo. Su éxito viene justamente de su neutralidad: es una uva sin un perfil aromático fuerte propio, lo que la convierte en un lienzo donde el terroir y la decisión enológica se reflejan con nitidez. De ahí la diferencia abismal entre un Chablis austero y mineral, un Meursault untuoso y complejo, y un Napa Valley con maderas tostadas. En Champagne es uno de los tres pilares (junto a Pinot Noir y Pinot Meunier) y, como Blanc de Blancs, da espumantes elegantes y con gran capacidad de guarda. Es muy versátil enológicamente: la maloláctica le da notas de manteca, las lías le aportan brioche, la madera nueva le suma tostados. En Argentina, el Chardonnay encontró su lugar en zonas altas y frescas: el Valle de Uco —especialmente Tupungato— y el Alto Valle de Río Negro producen los Chardonnays más elegantes del país. La tendencia argentina actual va hacia un estilo menos maderado y más mineral, alejándose del 'butter bomb' californiano de los 90.
Genealogía: cruza de Pinot Noir × Gouais Blanc.
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